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El día tiene doce horas

 

Hay un mensaje proverbial en Juan 11:7-10 con respecto a la luz que alumbra el día. Por un lado la luz del sol ilumina las horas del día donde se pueden hacer las cosas sin tener que tropezar. Por otro lado Jesús como luz del mundo alumbra la vida de los que creen en él y no hay temor a fracasar.

Ambas realidades tienen un tiempo específico de duración donde se pueden hacer cosas y tomar decisiones, luego viene la tiniebla como ausencia de luz donde no se puede hacer nada. Si la persona [en el contexto de Jesús] no hacía algo de día, no lo hacía de noche por falta de luz. Mientras Jesús sea la luz podemos hacer las cosas de forma correcta sin tener sospecha.

La oportunidad, gracia y bendición no van a durar para siempre, sino mientras sea de día. A los pueblos que habitaban en tinieblas, luz les resplandeció (Mateo 4:16), Jesús era aquella luz que alumbra a todo hombre (Juan 1:9) pero los hombres amaron más las tinieblas que la luz porque sus obras era malas (Juan 3:19)).

Los cristianos estamos llamados a ser luz, es decir ser el resplandor de Dios mediante sus buenas obras (Mateo 5:16). De esta manera la gente puede conocer a Dios y arrepentirse de sus pecados. Es tan así que Pablo afirma que el creyente se debe vestir de día aunque sea de noche (Efesios 5), en otras palabras no puede tener una vida secular y una vida sagrada, no podemos estar en luz y estar en tinieblas.

Mientras Cristo sea nuestra luz no andaremos en tinieblas ni tropezaremos con nada.