Pastores DescripcionVideosBlog mas recientesenvivo1 zpsc1c16063neww

 

Natividad

 El milagro de la encarnación.   Mateo 1:18-23

 Y el Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros lleno de gracia y de verdad; y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre. (Juan 1:14)

 Dios se hizo carne y habitó entre los hombres dando el ejemplo supremo de mayor humillación. (Filipenses 2:5-11)

El mensaje más poderoso de la Biblia es que Dios se hizo carne y habitó entre nosotros. Ese suceso no ocurrió en diciembre ni mucho menos el día 25, pero estamos seguros que ocurrió y de eso se trata la celebración de la navidad, de apreciar y valorar en la justa dimensión el hecho histórico y único de que el Verbo se haya hecho un ser humano con fecha de nacimiento, aunque no la conozcamos.

 Mateo relata el nacimiento de Jesús enfocándose en la profecía de Isaías 7:14 del nacimiento de un niño varón cuyo nombre seria EMANUEL que significa DIOS CON NOSOTROS para de esa forma dejar claro que es Dios y que es un ser humano. José el desposado de María supo que ella estaba embarazada y no sabía hasta ese momento que era por obra y gracia del Espíritu Santo. José quiso disolver su compromiso con María, pero no de forma pública para no difamarla. Dios le revela a José todo el plan y ahí se revela su nombre y su misión.

Jesús no vino  a enriquecer a la gente ni a darle promesas de cosas materiales, vino a salvar del pecado. Los salvos del pecado son librados de la potestad de Satanás y librados del infierno.

Pablo lo enseña como doctrina de la siguiente manera: Pero cuando vino el cumplimiento del tiempo, Dios envió a su Hijo, nacido de mujer y nacido bajo la Ley, para redimir a los que estaban bajo la Ley, a fin de que recibiéramos la adopción de hijos. (Gal 4:4-5).

Queda claro que la misión  de Dios haciéndose hombre, o encarnándose era redimir, pagar un precio que solo alguien humano y sin pecado podía hacer.

Pedro lo enseñó así: Pues ya sabéis que fuisteis rescatados de vuestra vana manera de vivir (la cual recibisteis de vuestros padres) no con cosas corruptibles, como oro o plata,  sino con la sangre preciosa de Cristo, como de un cordero sin mancha y sin contaminación. Él estaba destinado desde antes de la fundación del mundo, pero ha sido manifestado en los últimos tiempos por amor de vosotros. (1 P 1:18-20).