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Perdón por amor

Perdón por amor a uno mismo

Isaías 43:18-25

El pueblo de Dios fue el ofensor y no hizo nada para remediar la situación. No invocó a Dios para pedir perdón, sino que de Dios se cansaron (22), no trajo sacrificios de cambios ni de honra a Dios (23) ni compró algo de valor para Dios como muestra de dolor (24). Dios, el ofendido borró todos sus pecados y perdonó sus rebeliones por puro amor (25). Dios es Dios y se complace en perdonar no porque el pueblo lo merezca, sino porque él ama.

De la enseñanza de Dios aprendemos nosotros a ser como él.

Uno perdona a otro no porque el otro lo merezca, sino porque uno se ama a sí mismo (Rom 12:17-18). Uno perdona no esperando que el ofensor dé el primer paso, sino porque procura el bien de todos y aleja el mal de su casa (Proverbios 17:13). El perdón es un trago amargo que trae resultados dulces.

El perdón libera no al ofensor, sino al ofendido. Deja libre el espacio para reconstruir nuevas esperanzas y lo hace sobre la base de borrar el pasado.

Padre mío perdona mis ofensas como también yo perdono a quienes me ofenden.