Pastores DescripcionVideosBlog mas recientesenvivo zpsbe227a25 copy

 

Confiando en mentiras

“Confiando en la mentira” Jeremías 29:24-32

La segunda parte de la carta enviada por Jeremías

Las personas que vivieron en el tiempo de Jeremías se vieron enfrentadas a un mar de mentiras fraguadas por falsos profetas. Al ser Jeremías y esa generación los últimos antes del cautiverio babilónico, éste se atrincheró en la verdad como su baluarte y solía decir con toda franqueza y confianza “así dice Dios” (Jer 25:8).

El mensaje de Jeremías no era ni vendido ni complaciente, sino verdadero. Era un mensaje valiente y al mismo tiempo desafiante. Las masas estaban desorientadas por la abundancia de palabra falsa, pero complaciente. Ellos tenían a Jeremías como un buen hombre, pero sus palabras no eran de su agrado (Jer 26:16-24)

Semaías estaba en Babilonia y desde allá seguía su falsa profecía. Este era uno de los que decían que no habría cautiverio, ahora lo está viviendo y niega que sea por setenta años como dice Jeremías (Jer 29:24-28). Como en todos los casos quienes enseñan a los demás a confiar en la mentira, tratan de arruinar el testimonio de aquellos que son verdaderos profetas de Dios. Semaías llamó “loco” a Jeremías y pidió al sacerdote Sofonías que lo arrestara (Jer 29:27).

Vale la pena decir que muchos años después, la iglesia de Filadelfia fue tildada de despreciada y no amada por Dios por un sector de mentirosos que pretendían hacerla sucumbir ante sus amenazas, pero Dios le dijo yo te he amado y haré que los mentirosos vengan y lo reconozcan (Apoc 3:8-9).

La carta de Semaías fue leída por el sacerdote Sofonías delante de Jeremías y ahí mismo vino palabra viva, pura y verdadera de parte de Dios para que este escribiera a los cautivos en Babilonia haciéndole saber el destino del falso profeta Semaías. Morir sin ver los beneficios de Dios y no tener un solo descendiente que viva en el pueblo (Jer 29:29-32).

Hoy en día en pleno despegue del siglo 21, hay muchas personas con el mismo perfil de Semaías, hablando mentiras y haciendo que la gente confíe en ellas. 2 Pedro 2:1-3 advierte lo siguiente y el pueblo de Dios debería prestar mucha atención a esto:  

En el pueblo de Israel hubo también algunos que decían ser enviados por Dios, pero no lo eran. Así también, entre ustedes, habrá quienes se crean maestros enviados por Dios, sin serlo. Ellos les darán enseñanzas falsas y peligrosas, sin que ustedes se den cuenta, y hasta dirán que Jesucristo no es capaz de salvar. Por eso, cuando ellos menos lo esperen, serán destruidos por completo.  Mucha gente vivirá como esos falsos maestros, haciendo todo lo malo que se les antoje. Por culpa de ellos, la gente hablará mal de los cristianos y de su modo de vivir.  Esos falsos maestros desearán tener más y más dinero, y lo ganarán enseñando mentiras. Pero Dios ya decidió castigarlos desde hace mucho tiempo, y no se salvarán de ese castigo.