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La Gran Comisión

Hoy se plantea una relectura de los evangelios partiendo de la óptica de la Gran Comisión, para de esta manera hablar de una misión integral y así rescatar formas truncadas de la labor misionera. El retorno a la Gran Comisión es retornar a la fuente bíblica para hacer una misión incluyente. En la reflexión acerca del discipulado cristiano, el Señor resucitado y exaltado es Jesús de Nazaret, entonces es posible hablar de una comunidad que busca manifestar el Reino de Dios en la historia. Esta breve reflexión corre de forma paralela a lo que Jesús dijo del grano de trigo que cae al suelo y muere y de su nombre levantado para atraer a todos. (Juan 12:23-24; 32).

Esa encarnación de Jesucristo es lo que hace posible y práctico el alcance de toda la humanidad. Él no solo se ofreció como la víctima que carga la culpa de todos, sino que a todos enseña el camino de cómo llegar al Padre, lo que es a la postre la culminación de la obra redentora. La normativa es ir como el Padre envió a Jesús. Hay dos dimensiones; la imperativa, que hay que ir; y la normativa, cómo el Padre lo hizo. Aquí la visión es la de bajar y encarnarse con la gente como lo hizo Jesús con la humanidad. En otras palabras, se puede decir del mandato de la Gran Comisión que es… siendo discípulos, vayan y hagan discípulos.

Se puede decir que se maximiza el éxito de la predicación con la encarnación de Jesús como base o fundamento y la glorificación de su nombre como expresión de triunfo en medio de la gente o de la comunidad, ya que el nombre que atrae y debe ser exaltado es el de Jesús y no el de otra persona, sea un misionero o u evangelista itinerante o un pastor local rural o urbano.

Los enviados no deben abusar de la confianza depositada ni del poder delegado para cumplir la labor asignada y variar el mandato. ¿Por qué habiendo una presencia masiva de cristianos en el mundo, el mundo está peor que al principio? Creo que la razón está en la vivencia del evangelio y no solo en la proclamación. Que la praxis es más potente que el kerigma, que viviendo pueden las comunidades ver y oír lo que es un verdadero creyente. John MacArthur en su obra compilada La Evangelización resume este asunto a partir de la parábola del sembrador como aparece en Mateo 13. Ni los sembrados junto al camino, entre espinos o entre pedregales, aun habiendo recibido con alegría la Palabra de Dios, la retienen y la viven, sino que la conducta del mundo es su modelo. Los sembrados en tierra fértil viven lo que dicen . Se convierten en esos modelos mencionados por Pablo en Romanos: “Porque cuando los gentiles que no tienen ley, hacen por naturaleza lo que es de la ley, éstos aunque no tengan ley, son ley para sí mismos”. (Rom 2:14-16).

El contexto de Pablo se deriva del hecho de que Israel no fue enviada a las naciones para hacer misiones, sino que su mandato fue el de vivir la ley de Dios para que sea reino de sacerdotes y de otras naciones vengan a ver este modelo. Israel no vivió y ni practicó la Palabra de Dios; por el contrario, vivió y practicó doctrinas de hombres. En cambio, la iglesia del NT fue enviada al mundo para mediante la vivencia de la Palabra de Dios, pudiera dar testimonio a toda criatura para salvación eterna. El “id y haced” es algo más que cambio de lugar, es el resumen de “…como el Padre me envió a mí, así yo los envío a ustedes” (Juan 20:21), sopla y les dice que reciban al Espíritu Santo. La recepción del Espíritu Santo y la connotación de poder recibido no cambian las condiciones de siervos obedientes a dueños de la misión. Claramente se les habla de “modelo de la misión” y es casi seguro que Jesús tiene en mente la cita de Isaías 42:1-9 donde el siervo es lleno del Espíritu Santo para cumplir una misión y por ser depositario de poder y de mandato, no cambia él ni la misión.