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Alimento con vana esperanza


En tiempos de Jeremías había una cantidad enorme de profetas que alimentaban al pueblo con vanas esperanzas. El pueblo de Dios había caído en pecados de idolatría y de fornicación, se había alejado de Dios, pero sin dejarlo definitivamente. Se había refugiado en la religión para ocultarse en el templo como protección de sus pecados. La moda del momento era ser “profeta” de Dios y anunciar al pueblo que el castigo de Dios no vendría y que por el contrario, venían tiempos de prosperidad, de abundancia y de buena vida. Se desató todo una tempestad de “proclamar” palabras a los cuatro vientos para desatar bendiciones sobre el pueblo y sobre la ciudad. Un profeta daba palabra a otro profeta y así se alimentaba el uno al otro con falsas expectativas de que esas palabras se harían realidad en contra de las palabras de Jeremías que decía que venía castigo y no prosperidad.

Al pueblo desesperado le anunciaban éxitos en todos los programas e iniciativas que emprendieran, que iban a tener paz y que el mal jamás vendría sobre ellos. Mientras Jeremías anunciaba un castigo seguro de parte de Dios y por lo tanto, hacia un llamado al arrepentimiento de los pecados como vía de escape. Humillación, quebrantamiento, oración y ayuno para poner la soberbia, el orgullo religioso y la negligencia de buscar a Dios en su sitio. Los corazones contritos y humillados son de mucho aprecio para Dios y los estima y no los desprecia. Pero la gente lo que quería era palabra de prosperidad y de paz y no palabra de arrepentimiento y cambio. Dios mandó al pueblo a no oír a esta gente con esa falsa palabra, a no poner atención a nada de lo que ellos dijeran “Así ha dicho Jehová de los ejércitos:

«No escuchéis las palabras de los profetas que os profetizan; os alimentan con vanas esperanzas; hablan visión de su propio corazón, no de la boca de Jehová.” Jeremías 23:16

Cuando Jeremías reprendía a esta gente con palabras de parte de Dios, recibía oprobios y rechazo de la gente, pues la gente estaba condicionada a para recibir palabras halagüeñas (Jer 42 y 43). Parte de la astucia de los falsos profetas es ir condicionando a la gente con repeticiones de palabras buenas y de éxito, condicionando y derivando de la posición de hijos de Dios a vivir como reyes en esta tierra.

VISION DE SU PROPIO CORAZON

En una ocasión a Nehemías lo acusaron de la iniciativa de hacer algo por la obra de Dios en Jerusalén para posteriormente hacerse rey de todo el territorio. Nehemías respondió que no había tal cosa, sino que era un invento del corazón de Sanbalat (Nehemías 6:8). También rechazó la oferta de un falso hermano de invitarlo a encerrarse en el templo por las amenazas de muerte que había contra él. (6:11-13)

De la misma manera, estos falsos profetas del tiempo de Jeremías, se inventaban las cosas de su propio corazón para engañar a los incautos. No tenían forma de saber la voluntad de Dios para hacérsela saber a la gente porque para inquirir en la mente de Dios hay que poner el cuerpo en sacrificio santo y agradable delante de Dios para de esta manera no sujetarnos a este mundo malo y saber cual es la voluntad de Dios agradable y perfecta. Estos falsos profetas modernos ni oran ni ayunan ni ponen sus vidas en duro sacrificio. Pedro dijo que predican con fabulas artificiosas, en otras palabras, crean e inventan milagros y testimonios ficticios con el objetivo ulterior de engañar (II Pedro 1:16) y esto no es extraño, pues Satanás hace lo mismo (II Cor 11:13-14)

EL PELIGRO DE DECIR:”DIOS DIJO”

No es para el que lo dice, sino para el que lo oye, que por temor a Dios puede creer lo que esta gente dice y más si está acompañado de alguna señal respaldada por el enemigo de la justicia. El que lo dice sabe muy bien que Dios no le ha dicho nada, pero para engañar a la gente dicen que Dios le dijo que le diga tal o cual cosa. Pongo dos ejemplos de buena gente que se vio delante de algo que no sabían la respuesta y consultaron Dios para saber qué decir. A Moisés le preguntaron algunas personas que no participaron de la pascua por estar inmundos si podían hacerlo. Moisés en Números 9:8 dijo: Esperad, y oiré lo que ordena Jehová acerca de esto. Y Eliseo en el caso de la sunamita dijo a Giezi su ayudante: Déjala, porque su alma esta en amargura, y Jehová me ha encubierto el motivo, y no me lo ha revelado (II Reyes 4:27).

Hoy estamos delante de gente que en nombre de Dios se roban la palabra verdadera del Señor y dicen la que ellos quieren y las que la gente condicionada quiere oír. Han cambiado la palabra de Dios por doctrinas de hombres.

Por el contrario, Jeremías fue ordenado para contar la verdadera palabra de Dios y a no retener ninguna palabra por fuerte que sea. “Ponte en el atrio de la casa de Jehová, y habla a todas las ciudades de Judá que vienen para adorar en la casa de Jehová, todas las palabras que yo te mandé hablarles; no retengas palabra (Jer 26:2).

A pesar del éxito que puedan mostrar estos falsos profetas del tiempo de Jeremías y los falsos profetas y líderes de este tiempo…con todo yo también sé que les ira bien a los que a Dios temen, los que temen ante su presencia; y que no le irá bien al impío, ni le serán prolongados los días, que son como sombra; por cuanto no teme delante de la presencia de Dios (Eclesiastés 8:12-13).


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